Friday, Mar. 22, 2019

Agosto

Agosto

Los estudiosos de la historia siempre han establecido un paralelismo entre la música y la poesía aceptando que la poesía es una forma de música lograda con palabras. También durante el siglo XIX se desarrolló el movimiento del Romanticismo en ambas formas de arte, casi que exigiendo de sus protagonistas una conducta cónsona con los ideales de ese movimiento y muy diferente del común de las personas de esa época.

Uno de esos personajes románticos fue el famoso poeta Lord Byron, quien murió muy joven y lejos de su país.
Los últimos años de Lord Byron están cubiertos por la leyenda. El se había ido de Inglaterra, porque allá era un incomprendido, a pesar de que su fama como máxima expresión del romanticismo lo había convertido en un orgullo para su patria. Pero Byron encontró primero en Italia y después en Grecia la oportunidad de actuar de manera más auténtica y con menos restricciones. Por cierto que al yate que tuvo en Italia lo bautizó “Bolívar”, por su gran admiración a ese otro romántico, nuestro Libertador. Siguiendo uno de esos impulsos comprensibles sólo para los románticos, abrazó la causa de la liberación griega de los invasores turcos, y no sólo lo hizo de manera teórica, sino que actuó realmente en las filas de la resistencia griega, ayudando además con su dinero para la causa.

Pero las exigencias de la guerra eran muchas para un cuerpo débil como el suyo, así que pronto comenzó a sentirse mal y al poco tiempo murió, dicen que entre otras razones, debido a las sangrías que le hicieron los médicos que lo trataban. Por cierto que la naturaleza le rindió un homenaje, pues como buen romántico, murió al atardecer, mientras el cielo teñido de rojo se transformaba en un cielo de tormenta, y una lluvia comenzó a caer y estuvo cayendo durante tres días.

Como los griegos no sabían qué hacer con el cadáver, decidieron embalsamarlo mientras se tomaba una decisión y pasaba la lluvia, por lo que procedieron a sacarle las vísceras y colocarlas en unas jarras. Misteriosamente también le fue amputado su pie derecho, que era deforme, del cual nunca se supo más nada. Como no se pudo conseguir una urna totalmente hermética, su cuerpo fue cubierto con alcohol. Los griegos querían enterrarlo en un templo griego, nada mejor para un poeta de su época, pero los ingleses lo reclamaban para su país. Al fin se tomó la decisión de enterrar su corazón, que había sido sacado durante la autopsia, en Grecia, su patria adoptiva, y su cuerpo sería llevado a Inglaterra. Pero allá los diáconos de la Abadía de Westminster no lo quisieron aceptar debido a su vida agitada y licenciosa y tampoco lo aceptaron en la catedral de San Pablo, así que a su familia no les quedó más que enterrarlo en su pueblo natal, cerca de Londres, a pesar de la presión que hicieron los miles de ingleses que desfilaron frente a su cadáver.

Todo muy romántico, su cuerpo en Inglaterra y su corazón en Grecia. Hasta que pocos años después se conoció, gracias al informe de sus embalsamadores, que lo que estaba enterrado en Grecia no era su corazón, sino sus pulmones. Y esto se confirmó cuando se abrió su tumba en 1938 para certificar que el cadáver no había sido robado. Allí estaba el cuerpo de Lord Byron, y al lado de la urna, en un cofre, estaban sus intestinos y su corazón.

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