Noviembre

Hay una anécdota reciente que le ocurrió al famoso violinista Joshua Bell y aunque ha corrido por internet, la traemos aquí como una muestra de la vida agitada que hace que las personas no le presten atención al mundo que les rodea. El 12 de enero de 2007 el violinista Joshua Bell decidió hacer un experimento, se fue al metro de la ciudad de Washington y se puso a tocar una de las piezas más difíciles de su repertorio, una chacona de J S Bach, usando un violín Stradivarius de 1713, y lo hizo durante 45 minutos. El resultado es que se contaron 1097 personas que pasaron por allí en ese tiempo, de las cuales sólo siete se detuvieron a escucharlo. Y logró conseguir que le arrojaran algunas monedas, que sumaron en total 37 dólares.

Lo irónico del caso es que él había tocado la misma pieza en el teatro, a casa llena, y cuyas entradas costaban cientos de dólares, mientras las personas que pasaban apuradas no disfrutaron, ni siquiera se enteraron, de esta función gratuita.

Los médicos estudiosos de los efectos de la música en la salud han llegado a una conclusión interesante: cantar en el baño es bueno para la salud. Al menos se ha descubierto sus bondades en cuatro áreas, sube las defensas del cuerpo, baja la presión sanguínea, reduce el estrés y mejora el humor.

Un estudio hecho en los miembros de un coro en Alemania determinó que después de haber estado durante 60 minutos ensayando un concierto, la inmunoglobulina, que es un anticuerpo, y la hidrocortisona, contra el estrés, habían aumentado significativamente en las mediciones que se habían hecho antes y después del ensayo.

Cuando cantamos se producen endorfinas, que es una sustancia que fabrica nuestro cuerpo y que nos hace sentir muy bien. También la respiración forzada durante el canto es un buen ejercicio para los pulmones, además de que tomamos más oxígeno, lo que es también excelente para el organismo y al mejorar la circulación resuelve los problemas menores y además también contribuye a reforzar el sistema inmunológico.

Así, pues, a cantar todos los días, no importa si lo hace desafinado. Lo que importa es que lo haga con energía y con buen humor.

Mozart era masón, lo cual era muy respetado en su época, y su entusiasmo por su Logia lo llevó a plantar en sus obras la simbología masona. Por ejemplo, para los masones el número tres, que representa la trinidad, es muy importante en sus ritos. Y en las obras de Mozart encontramos ese número muchas veces. Por ejemplo, en su ópera La Flauta Mágica, que está llena de símbolos masones, encontramos tres acordes mayores en la obertura, tres hadas, tres niños que conducen al protagonista por el bosque, tres instrumentos mágicos, tres pruebas y tres templos.

Autor entrada: nachoweb