Don Simón Rodríguez, un hombre de libertad

SIMON-RODRIGUEZ

Este año se cumplen 161 años de la muerte de Simón Narciso de Jesús Rodríguez, Don Simón Rodríguez, eminente Pedagogo, pensadorsimon_rodriguezp2 filosófico, escritor de densas obras de contenido histórico y sociológico, y conocedor a fondo de la sociedad hispanoamericana, quién tuvo el privilegio de ser maestro y mentor del Libertador Simón Bolívar.

Instruido inicialmente en una escuela de la ciudad, obtuvo del Municipio de Caracas el título de Maestro de Primaria, a los veinte años. Casi enseguida impartió clases al niño Simón Bolívar, enseñándole los principios de las lenguas española y latina, aritmética e historia. Llegó a tener bajo su pupilaje a un grupo de niños que, para finales del año 1793, ascendía a 114.

En 1794, presenta al Ayuntamiento sus Reflexiones sobre los defectos que vician la escuela de primeras letras de Caracas y el medio de lograr su reforma por un nuevo establecimiento. Se trata de un planteamiento crítico de la enseñanza colonial. En 1795, cuando el niño Bolívar se fuga de la casa de su tutor, es enviado a vivir en la casa de su maestro Simón Rodríguez, bajo la tutoría de éste.

En 1797, es descubierta la tentativa revolucionaria de Gual, España y Picornell, en la cual el maestro había participado activamente lo que le lleva a tomar la determinación de abandonar el país, al cual nunca regresará.

En los años finales de su vida, Simón Rodríguez va a Guayaquil, donde se perderá buena parte de su obra a causa de un incendio que devastó a buena parte de la ciudad. En 1853, emprende un nuevo viaje al Perú, acompañado por su hijo José y su amigo Camilo Gómez, quien lo asistirá en el momento de su muerte, ocurrida en el pueblo de Amotape el 17 de julio de 1853. Setenta años después, sus restos fueron trasladados al Panteón de los Próceres en Lima, y desde allí, al siglo justo de su fallecimiento, fueron devueltos a Caracas, ciudad natal, donde reposan en el Panteón Nacional.

¿Por qué Simón Rodríguez no volvió nunca a Venezuela?

El Presidente, general Carlos Soublette, uno de cuyos ministros era el general Rafael Urdaneta – ambos figuras centrales de la guerra de independencia – le invitó al maestro a retornar a la patria. El propio Rodríguez se lo cuenta a su amigo, el obispo Pedro Antonio torres: « Una respuesta que me dan de la Nueva granada, es una orden del gobierno de Venezuela para que me envíen a mi tierra. Yo no voy allá. Tanto se acuerda el Presidente de mí, como Su Santidad de usted. » No sólo se niega a viajar, sino que teme le fuercen a ello: « Siempre hay que felicitarme: sólo tendrá usted que borrar Caracas y poner Bogotá; porque somos mortales, y hallando las monjas entre los papeles de usted enhorabuena para Venezuela, puede que se presenten al obispo y me hagan seguir mi derrota con costas, costos, daños y perjuicios. Los tiempos no están para andarse por las ramas. ¡Dios nos libre de la justicia humana! ». ¿Volver a Caracas, viejo, aparentemente derrotado por las circunstancias, sin saber a qué iría, y con el mal recuerdo por el rechazo de sus ideas en 1794, y el fracaso de la revolución de Picornell en que anduvo comprometido? Regresar no es avanzar. ¿Y a una Venezuela sin Bolívar?

Pensamientos de don Simón Rodríguez para la reflexión.

  • “Sin educación popular no habrá verdadera sociedad”
  • “No tenemos ciudadanos para hacer República y no podemos regresar a la Monarquía, inventamos o erramos”
  • “El hombre no es ignorante porque es pobre, sino lo contrario”
  • “Instruir no es educar; ni la instrucción puede ser un equivalente de la educación, aunque instruyendo se eduque”
  • “No hay interés donde no se entrevé el fin de la acción. Lo que no se hace sentir no se entiende, y lo que no se entiende no interesa. Llamar, captar y fijar la atención, son las tres partes del arte de enseñar. Y no todos los maestros sobresalen en las tres”
  • “El título de maestro no debe darse sino al que sabe enseñar, esto es al que enseña a aprender; no al que manda aprender o indica lo que se ha de aprender, ni al que aconseja que se aprenda. El maestro que sabe dar las primeras instrucciones, sigue enseñado virtualmente todo lo que se aprende después, porque enseñó a aprender”
  • “No hay oveja que busque al pastor, ni muchacho que busque al maestro”
  • “Enseñen los niños a ser preguntones, para que, pidiendo el por qué de lo que se les mande hacer; se acostumbren a obedecer a la razón, no a la autoridad como los limitados, no a la costumbre como los estúpidos”
  • “La ignorancia es la causa de todos los males que el hombre se hace y hace a otros; y esto es inevitable, porque la omnisciencia no cabe en un hombre: puede caber, hasta cierto punto, en una sociedad (por el más y el menos se distingue una de otra). No es culpable un hombre porque ignora – poco es lo que puede saber -, pero lo será si se encarga de hacer lo que no sabe.”
  • “Acostúmbrese al niño a ser veraz, fiel, servicial, comedido, benéfico, agradecido, consecuente, generoso, amable, diligente, cuidadoso, aseado; a respetar la reputación y a cumplir con lo que promete. Y déjense las habilidades a su cargo; él sabrá buscarse maestros, cuando joven”.
  • “Sólo la educación impone obligaciones a la voluntad. Estas obligaciones son las que llamamos hábitos.”
  • “Enseñen, y tendrán quien sepa; eduquen, y tendrán quien haga.”
  • “Toca a los maestros hacer conocer a los niños el valor del trabajo, para que sepan apreciar el valor de las cosas.”
  • “Al que no sabe, cualquiera lo engaña. Al que no tiene, cualquiera lo compra”.
  • “Enseñar es hacer comprender; es emplear el entendimiento; no hacer trabajar la memoria”
  • “El maestro de niños debe ser sabio, ilustrado, filósofo y comunicativo, porque su oficio es formar hombres para la sociedad”
  • “Nadie hace bien lo que no sabe; por consiguiente nunca se hará República con gente ignorante, sea cual fuere el plan que se adopte.”
  • “Los principales obligados a la educación e instrucción de los hijos son los padres”.

Finalmente permítannos citar unas palabras del Libertador Simón Bolívar, extraídas de una carta enviada a su maestro, desde Pativilca (Perú), el 19 de enero de 1824, en la cual se pueden evidenciar el inmenso respeto, admiración y amor que nuestro Libertador tenía hacia este grande hombre universal “…¡Oh mi maestro! ¡Oh mi amigo! ¡Oh mi Robinson, Ud. en Colombia! Ud. en Bogotá, y nada me ha dicho, nada me ha escrito. Sin duda es Ud. el hombre más extraordinario del mundo…”, “…Ud. formó mi corazón para la libertad, para la justicia, para lo grande, para lo hermoso. Yo he seguido el sendero que Ud. me señaló…”

Autor entrada: nachoweb